En la inauguración del Museo Balenciaga: crónica personal

Ayer fue la inauguración del Museo Balenciaga en Getaria. Un gran acontecimiento para el mundo de la moda al que asistieron la  reina Sofía, aristócratas, políticos… ya habreis leído sobre ello en multitud de medios generalistas y especializados.

Nora Izagirre fue una de las afortunadas invitadas al evento junto a otros diseñadores y profesionales del sector, y nos ha explicado con todo detalle cómo vivió la experiencia. En este post no encontrareis datos sobre el número de asistentes, los pintxos que comió la reina o la controversia generada durante el proceso de contrucción del museo. Hablaremos de la inauguración, sí, pero desde el punto de vista de Nora.

LLegó en medio de una lluvia que no permitía apreciar en todo su esplendor el edificio aunque sí la fusión arquitectónica entre la parte moderna y la antigua.

La entrada estaba saturada de gente: Marichalar, Nati Abascal, Carmen Martínez Bordiu… rodeados de cámaras por todas partes. Amablemente indicaron a Nora que se acercara por otro lado, el lado “plebeyo” digamos. Allí empezó a ver las caras conocidas de sus colegas diseñadores: Jon Fiz, Juanjo Oliva, los Ailanto, Montesinos, Amaya Arzuaga -que esta vez no iba vestida de negro- y Miriam Ocariz entre otros.

Dos de los asistentes le causaron gran impresión. Por un lado Suzy Menkes, gurú de la moda y crítica en el Herald Tribune, tocada con su inconfundible peinado Pompadour. La verdadera “reina en la sombra” de la inauguración, como han escrito algunos. Parece que su presencia ayer en Getaria fue producto de una iniciativa personal ya que no había sido oficialmente invitada. Aun así no quería perderse la inauguración de homenaje al maestro Balenciaga y allí se presentó.

Por otro lado también conmovió de manera especial a Nora la presencia  del modisto francés Givenchy, presidente fundador de la Fundación Balenciaga.

Entre las personas invitadas había varias orgullosas propietarias de modelos de Balenciaga. Una de ellas era la madre de Sofía (amiga de Nora) que tuvo el honor de  casarse llevando el último vestido de novia que diseñó el modisto guipuzcoano.

El museo se dió por inaugurado después del agurra interpretado por el Orfeón Donostiarra y a continuación se sirvió un cóctel. Nora disfrutó de los pintxos junto a un par de amigas también diseñadoras (Leire Santillán y Amagoia). Y también entonces reconoció a Ester, con quien había coincidido hace años en en París. Ester lleva 14 años fuera, viviendo entre París, Londres e Italia. Ha trabajado con los mejores diseñadores del mundo (Miuccia Prada, Christian Lacroix para Pucci, Cacharel, Ungaro) y hoy en día tiene su propia firma que se llama Estrella Arch.

Gracias a Ester, Nora fue presentada a Hubert de Givenchy y a Philippe Venet, gran diseñador y discípulo de Balenciaga, con quien pudo fotografiarse en un pequeño grupo.


Para terminar, Nora nos explica más cosas sobre algunos puntos que le hemos propuesto:

La invitación:

Para mí es un honor que me hayan invitado a la inauguración. Primero porque es aquí, en Getaria. Pensar que uno de los grandes diseñadores del mundo nació y se formó aquí… Me imagino aquella época en San Sebastián y debía ser la bomba: cómo vestía  la aristocracia, la importancia que tenía la moda, la alta costura, las cosas bien hechas, el detalle… la buena tela, el buen patrón… el buen hacer.

Y segundo porque admiro el trabajo de Balenciaga. Desde su manera de entender la moda (por cómo era capaz de realizar él mismo sus prendas desde el principio hasta el final) a sus diseños limpios, depurados, elegantes. Y sobre todo la proporción en sus medidas, volúmenes, largos. Fue inspirador entonces y lo sigue siendo ahora.

El evento:

En el evento había gente de todo tipo aunque quizás me faltó ver más caras internacionales. Y por supuesto me hubiera encantado que asistiera el actual diseñador de Balenciaga, Nicolas Ghesquière, como símbolo de admiración y respeto, eso para mí hubiera tenido un gran valor humano.

El museo:

Me he quedado con las ganas de volver con mejor tiempo y más tranquila. El lugar y el entorno es precioso pero con el mal tiempo que hizo ayer no tuve ocasión de apreciar el edificio con perspectiva (fui casi corriendo). Queda pendiente.

Nos enteramos de que, según Givenchy, a Balenciaga no le hubiera gustado semejante museo, porque él era una persona muy humilde.

Hay piezas únicas y significativas de Balenciaga: el vestido baby doll, alguna capa, vestidos saco… Pero a nosotras -que nos fijamos en cada detalle de cada costura- nos faltaba luz. Miren Arzallus (miembro de la Fundación) nos dijo que era por motivos de mantenimiento de los vestidos.

Estoy de acuerdo con otros diseñadores cuando comentan que Balenciaga llegó a su punto culminante de creatividad y sacó a la luz su verdadera esencia hacia el final de su carrera. En esa época su trabajo era cada vez más depurado y precioso. 

El proyecto:

Después de tanto tiempo escuchando cosas acerca del museo: que si abrían, que si no, que si escuela, biblioteca… creo que el museo está muy bien. En principio quieren abrir escuela de moda. En mi opinión, más que una escuela de aprendizaje básico lo enfocaría como una especialización o postgrado, algo de alto nivel y muy específico que atraiga a gente de todo el mundo.

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